Luego de una refrescante ducha, y muy relajante, por cierto, nuevamente estoy dispuesta a contarles un poco de mí. No es egocentrismo, son más bien los ímpetus, las ganas de expresarles y de contagiarles toda esta sensación de vida, de entusiasmo de vivir el día a día con energía. La expectativa de nuevas experiencias y el esfuerzo recompensado que consiste en ser madre y amiga, una trabajadora incansable y una mujer que supera las dificultades enfrentándolas cara a cara, sin temor, ni vergüenza.
Como lo había mencionado anteriormente, me di cuenta de lo inevitable que es toparse con la tristeza y la felicidad. Ambas van juntas, pero de ambas se aprende. La tristeza provocó en mí una decisión: La de luchar cada día por ser más feliz. Sé que no estoy sola, tengo a mi hijo de 15 años y a mi hija de 20 a mis compañeras y compañeros de trabajo. Me tengo a mí, mis energías y mi experiencia. Creo que esta etapa es la mejor de todas. Esta Maduritud que me desborda es la misma que tú tienes, solo debes de explorarla siendo más tú misma. El resto vendrá solo.
La relación que he entablado con mi pequeño hijo –siempre será mi pequeño hijo, aunque ya tenga 15 años–, es la de compañeros, y de ese modo es que he conquistado su confianza. No es que crea saberlo todo de él, pero la experiencia que tengo me permite intuir lo que siente. Esta misma experiencia servirá de mucho también para orientarlo y apoyarlo cuando sea necesario.
Esta nueva etapa de mi vida, llena de energía y madurez, me ha permitido esta proximidad con mi hijo. Siempre se dice que la etapa de la adolescencia es la más difícil, no solo para los hijos, sino también para los padres. Puede ser cierta esta afirmación. Y si es difícil la adolescencia, por las energías y el tiempo que demanda, no será ése mi caso.
Creo que precisamente en estos momentos es cuando puedo afrontar el reto de ser madre de un adolescente. No solo porque sé que triunfaré, sino porque seguiré aprendiendo muchas cosas más. Descubriré nuevas posibilidades, prolongaré mi vigor y entusiasmo en mi hijo. El tiempo no será un enemigo para mí. Y cuando sienta que así es lo conquistaré una y otra vez. No me impedirá ser una madre amorosa, ni una trabajadora esforzada, ni una amiga comprometida. Ni mucho menos el tiempo agotará éste, mi mejor momento.